La Revolución Norteamericana
La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos fue un conflicto que enfrentó a las trece colonias estadounidenses en América del Norte con el Reino de Gran Bretaña. Ocurrió entre 1775 y 1783, finalizando con la firma del Tratado de París. Durante la guerra, Francia ayudó a los revolucionarios estadounidenses con tropas bajo el mando del Marqués de La Fayette, mientras que España, lo hizo desde el principio gracias a Bernardo de Gálvez y de forma abierta a partir de la batalla de Saratoga, mediante armas, suministros y abriendo un frente en el flanco sur.
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El éxito de la Revolución Norteamericana tuvo profundos efectos en Europa y en otras partes del mundo. Los oponentes del viejo régimen en Europa se percataron de ello, un pueblo había tomado su destino en sus propias manos, se había rebelado contra las normas establecidas y había creado un gobierno de su propia elección. Se había obtenido la libertad sin autorización. Las ideas de John Locke – igualdad natural, derechos inalienables, gobierno por consenso del gobernado y el derecho elemental de revolución- se habían reivindicado. La Declaración de Independencia (el 4 de julio de 1776) dio la señal para llamar a la rebelión a los pueblos del Viejo Mundo. Los acontecimientos en América parecieron demostrar que las unidades políticas más pequeñas se podían unir sin recurrir al despotismo.


Representación de la Batalla de Saratoga
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