Feliz Año 2011


Los estigmas (del latín stigma, y este a su vez del griego στίγμα) son señales o marcas que aparecen en el cuerpo de algunas personas, casi siempre devotas cristianas. Estas heridas son similares a las heridas infligidas sobre Jesús durante su crucifixión según la iconografía cristiana tradicional; así, muchos estigmatizados suelen tener marcas en las palmas de las manos, y no en el antebrazo, punto donde se clavaban los clavos a los crucificados.
Las diversas confesiones cristianas consideran que pueden ser de origen sobrenatural, bien un don de Dios o una intervención diabólica, o causadas por el mismo sujeto que las porta, ya sea intencionalmente o por razones de origen psicosomático (la persona en cuestión es tan religiosa que su cuerpo espontáneamente desarrolla heridas parecidas a los estigmas, como reacción a sus procesos mentales).
La Iglesia Católica, cuando los considera auténticos y don divino, afirma que son participación de los sufrimientos divinos, y reconoce unos doscientos cincuenta casos de santos y beatos que han portado estigmas; estos pueden ser visibles o no, sangrientos o no, permanentes o no. Los estigmas invisibles, según la Iglesia Católica, pueden producir tanto dolor como los visibles.
El tipo de heridas refleja su correspondencia con la Pasión de Jesús a través de las siguientes señales:
* Heridas en manos o muñecas, semejantes a las causadas por estacas
* Heridas en los pies, semejantes a las causadas por estacas
* Heridas en la cabeza, semejantes a las provocadas por la corona de espinas
* Heridas en la espalda, semejantes a las de látigo en la Flagelación
* Herida en un costado, semejantes a las causadas por lanzas.
A lo largo de la historia se han documentado muchos casos de personas que han padecido estigmas, las cuales muestran algunas de las mismas heridas de Jesús sin razón aparente. Aunque suele considerarse a San Francisco de Asís (c. 1181-1226) como el primer estigmatizado, en realidad el primer caso en la historia es el de la Beata María de Oignies (c. 1177-1213), beguina, que por ser poco conocida ha pasado prácticamente inadvertida. También destacan otros estigmatizados como Santa Catalina de Siena, la Venerable alemana Teresa Neumann, la laica pasionista Santa Gema Galgani y el Santo capuchino Pío de Pietrelcina.
En Springfield, Illinois, concretamente en 1974, lo que fuera en su día un local de baile y un paraíso del juego es transformado en un club de noche en el que inexplicablemente se presentan ráfagas de aire frío y suena música de fantasmas. Ambas advertencias siniestras parecen indicar que uno de los nuevos propietarios está a punto de morir.
Esta escalofriante serie, narra algunas de las historias sobrenaturales más impactantes de los Estados Unidos, mostrando un mundo en el que la tragedia, el suicidio y el asesinato, enfrenta a personas de a pie con situaciones aterradoras varias décadas más tarde. Utilizando narraciones en primera persona, se intentarán aclarar los misterios y las causas de todas y cada una de las situaciones…
Hoy traemos nuevamente uno de los enlaces existentes en la red de esta interesante serie, dedicado a los sucesos que tuvieron lugar en Springfield, en el Club Lake. No os perdais esta narración.
Gilles de Montmorency-Laval, baron de Rais, llamado Gilles de Rais (o Gilles de Retz) (10 de septiembre de 1404 – 26 de octubre de 1440), fue un noble y asesino en serie francés del siglo XV que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, a la que siguió y en la que creyó siempre.
Consiguió convertirse en mariscal tras su participación en la Guerra de los 100 años y amasó una gran fortuna. Pero, su buena fama en los pueblos franceses se vio truncada cuando se descubrió las atrocidades que había cometido con centenares de niños y niñas en una corte formada por brujos, alquimistas, videntes y adoradores del Diablo. Se dice que podía poseer una mentalidad psicopática – originada en su infancia – y que podía haber sufrido una gravísima esquizofrenia.
Junto con Erzsébet Báthory – la aristócrata húngara conocida cómo la condesa sangrienta – es considerado como uno de esos aristócratas que utilizó su gran fortuna para dar rienda suelta a sus fechorías. Este hombre impulsivo, cuyos crímenes contradecían su exacerbada fe y creencia cristiana, que seguía esa frase de San Agustín: Felix culpa! – traducido cómo ¡Dichosa culpa! – y que tuvo un anhelado deseo del perdón de Dios inspiró a Charles Perrault a la hora de explicar la historia de Barba Azul.
Su negra barba de azulados reflejos hizo que se le llamara Barba Azul. Era culto, aunque no reflexivo, ávido de riquezas pero más despilfarrador. Desde este momento se entrega a los más locos dispendios para satisfacer sus más caros caprichos. No se recuerda príncipe o rey que
hubiese llevado un lujo semejante. Este hombre tenía pasión por todas las artes, especialmente por la música. Se exacerbaba con los cantos gregorianos llegando al éxtasis.
Todo el que acudía a él participaba de su generosidad; el extranjero era bien recibido, cualquiera que fuese su condición, a cualquier hora del día o de la noche; tenía hospitalaria mesa, y era raro que abandonase esa mansión sin salir colmado de dones en especies o en metálico. Gastaba dinero en ostentación para recuperar el prestigio perdido. Realizaba grandes banquetes. Gastó la mayoría de su fortuna en obras teatrales que recordaban sus campañas con Juana y en fiestas para sus extraños amigos y consejeros.
En el juicio (altamente detallado y del que aún existen los escritos del siglo XV), pasaba del insulto a los jueces al hundimiento más absoluto y fue encerrado en una prisión acomodada por su condición de noble. Se declaró al principio inocente, pero en uno de los trastornos de personalidad que ya sufría de años atrás, rectificó y se declaró culpable quedando muy arrepentido de lo que había hecho el día 15 de octubre y finalmente el día 22 ante los jueces eclesiásticos, comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y las vejaciones que practicaba a los niños (de entre 7 y 20 años), actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos del techo por ganchos, decapitaciones, etc. Dijo que hasta había bebido la sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que “necesitaba aquel goce sexual” y que escribió un libro de conjuros con la supuesta sangre de los asesinados. Fueron confesiones tremendas, toda Francia se convulsionó ya que la gente no se creía que uno de sus héroes fuera un hombre tan vil. Se llegaron a constatar 200 víctimas aunque probablemente fueran muchas más. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.
Hace diez mil o veinte mil millones de años, sucedió algo, la Gran Explosión (big bang), el acontecimiento que inició nuestro universo. Por qué sucedió esto es el misterio mayor que conocemos. Lo que está razonablemente claro es que sucedió. Toda la materia y la energía presentes actualmente en el universo estaba concentrada con una densidad muy elevada una especie de huevo cósmico, que recuerda los mitos de la creación de muchas culturas quizás en un punto matemático sin ninguna dimensión. No es que toda la materia y la energía del universo estuvieran apretadas en un pequeño rincón del universo actual, sino que el universo entero, materia y energía y el espacio que llenan, ocupaba un volumen muy pequeño. No quedaba mucho espacio para que sucedieran cosas allí.
El primitivo universo estaba lleno de radiación y de un plénum de materia, al principio hidrógeno y helio, formado a partir de las partículas elementales en la densa bola de fuego primigenio. Había muy poco que ver, suponiendo que hubiese alguien para contemplarlo. Luego empezaron a crecer pequeñas bolsas de gas, pequeñas inuniformidades. Se formaron zarcillos de vastas y sutiles nubes de gas, colonias de cosas grandes que se movían pesadamente, girando lentamente, haciéndose cada vez más brillantes, cada cual como una especie de bestia
que al final contendría cien mil millones de puntos brillantes. Se habían formado las estructuras reconocibles mayores del universo. Las estamos viendo hoy. Nosotros mismos habitamos algún rincón perdido de una de ellas. Las llamamos galaxias.
Unos mil millones de años después del big bang, la distribución de materia en el universo se había hecho algo grumosa, quizás porque el mismo big bang no había sido perfectamente uniforme. La materia estaba empaquetada más densamente en estos grumos que en otras partes. Su gravedad atraía hacia ellos cantidades sustanciales del cercano gas, nubes en crecimiento de hidrógeno y de helio que estaban destinadas a convertirse en cúmulos de galaxias. Una inuniformidad inicial muy pequeña basta para producir condensaciones sustanciales mucho después.

Añadimos a nuestra colección de relatos y cuentos de Misterio y Terror otro Microrelato del programa LA ROSA DE LOS VIENTOS de J. A. Cebrián en ONDA CERO RADIO, correspondiente a su sección de Relatos de los Oyentes.
Hoy lleva por título “ESCENAS DEL FUTURO” de Jorge Guinea