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La maldición de los faraones

Viernes 28 mayo 2010

Muertes enigmáticas, estigmas inesperados, accidentes inexplicables y sufrimientos sin límites para los que profanaron las tumbas de los reyes egipcios.
Un total de 35 personas vinculadas a una momia murieron extrañamente.
Una tarde de 1929, el honorable Richard Bethell entró al exclusivo Club Mayfair, de Londres. Con aire melancólico caminó hasta su sillón preferido en la sala de lectura y se puso a leer un diario. Lo encontraron muerto media hora más tarde. Los médicos no pudieron explicar la causa real de su deceso.
Pocas semanas después, su padre, Lord Westbury, se arrojaba desde una ventana de su departamento en St. James Court, muriendo instantáneamente. Dejó una curiosa nota que Scotland Yard jamás pudo descifrar: “No puedo soportar más tantos horrores”. A la mañana siguiente, la carroza fúnebre que transportaba su cuerpo al cementerio atropelló y dio muerte a un niño de ocho años.
Por esos mismos días, la norteamericana Evelyn Greely, de cuarenta años, profesora de Historia de la Universidad de Chicago, se ahogaba en las frías aguas del lago Michigan. Nunca se supo si había sido un suicidio o un accidente.

Aparentemente, esta sucesión de desgracias inexplicables, ocurridas casi simultáneamente en distintos lugares, no guardaban conexión entre sí. Sin embargo, a poco de hurgar en la historia personal de cada una de las víctimas, se llegó a una estremecedora conclusión: Todas ellas habían estado ligadas, directa o indirectamente, al descubrimiento de la tumba de Tutankhamón.


Mientras las teorías ocultistas siguen hablando de un maléficio perpetuo y muchos científicos sonríen al escuchar tales hipótesis aduciendo que tantas coincidencias fatales fueron simplemente eso, coincidencias, un egiptólogo alemán, Rolf H.Knepler, de la Universidad de Berlín, observó no hace mucho un detalle en el que casi nadie había reparado: se trata de un pequeño apoyo de hierro forjado que sostenía la cabeza de la momia de Tutankhamón dentro del sarcófago. En el antiguo Egipto, recordó Knepler, los apoyos para las cabezas de las momias tenían un significado muy especial. Sin mencionar siquiera el tema de la maldición, el profesor Knepler se limitó a leer un párrafo del Libro de los Muertos, escrito durante la Dinastía XVIII (a la que perteneció Tutankhamón), en el que se aludía al carácter ritual de los apoyacabezas en las momias. Dichos objetos, según el texto, llevaban implícita la siguiente invocación: “¡Levántate de la no-existencia, oh gran señor! ¡Derriba a tus enemigos, triunfa sobre tus profanadores!”. (Fuente: rumoreslatinos.com)

... quizás hubiera sido una mejor idea dejar descansar a los muertos en paz...