GREGORIAN – Voyage, voyage
Siempre es bueno tomarse unos momentos para relajarnos. Bien puede servirnos para este propósito un tema musical del grupo Gregorian, el que lleva por título Voyage, voyage; que no es sino una adaptación del clasico tema del pop francés a la peculiar forma del canto gregoriano del grupo, y todo ello bajo el entorno de las leyendas artúricas. Un excelente montaje, para un excelente tema.
Ávalon o Avalón es el nombre de una isla legendaria de la mitología celta en algún lugar de las islas Británicas donde, según la leyenda, los manzanos dan sabrosas frutas durante todo el año y habitan nueve reinas hadas, entre ellas Morgana. El mismo nombre del lugar derivaría de la palabra celta abal, manzana.
Se dice que la palabra Ávalon es una adaptación de la palabra celta Annwyn o Annuvin, que designa al legendario reino de las hadas, pero, ya en el siglo XII, Geoffrey de Monmouth pensaba que el nombre deriva de la traducción de “isla de las manzanas”. Esto es altamente probable, debido a que, en el idioma bretón, manzana se dice aval, y en idioma galés se dice ‘afal’ (con la pronunciación de la “f” como “v”). Avalón también fue llamada Ynys Witrin, que significa Isla de Cristal. (Fuente: Wikipedia)
Ávalon o Avalón es el nombre de una isla legendaria de la mitología celta en algún lugar de las islas Británicas donde, según la leyenda, los manzanos dan sabrosas frutas durante todo el año y habitan nueve reinas hadas, entre ellas Morgana. El mismo nombre del lugar derivaría de la palabra celta abal, manzana.
El interés de Leonardo por los estudios científicos era cada vez más intenso: asistía a disecciones de cadáveres, sobre los que confeccionaba dibujos para describir la estructura y funcionamiento del cuerpo humano. Al mismo tiempo hacía sistemáticas observaciones del vuelo de los pájaros (sobre los que planeaba escribir un tratado), en la convicción de que también el hombre podría volar si llegaba a conocer las leyes de la resistencia del aire (algunos apuntes de este período se han visto como claros precursores del moderno helicóptero).
Aunque Leonardo no parece que se preocupara demasiado por formar su propia escuela, en su taller milanés se creó poco a poco un grupo de fieles aprendices y alumnos: Giovanni Boltraffio, Ambrogio de Predis, Andrea Solari, su inseparable Salai, entre otros; los estudiosos no se han puesto de acuerdo aún acerca de la exacta atribución de algunas obras de este período, tales como la Madona Litta o el retrato de Lucrezia Crivelli. Contratado en 1483 por la hermandad de la Inmaculada Concepción para realizar una pintura para la iglesia de San Francisco, Leonardo emprendió la realización de lo que sería la celebérrima Virgen de las Rocas, cuyo resultado final, en dos versiones, no estaría listo a los ocho meses que marcaba el contrato, sino veinte años más tarde. La estructura triangular de la composición, la gracia de las figuras, el brillante uso del famoso sfumato para realzar el sentido visionario de la escena, convierten a ambas obras en una nueva revolución estética para sus contemporáneos.
Hubo un tiempo en que era un tabú para la ciencia hablar de vida extraterrestre. Un prejuicio que se han llevado por delante los avances tecnológicos y el desarrollo de la astronomía, que han propiciado un cierto consenso científico en torno a la posible existencia de seres vivos en otros planetas.
A pesar de que su padre se casó cuatro veces, sólo tuvo hijos (once en total, con los que Leonardo acabó teniendo pleitos por la herencia paterna) en sus dos últimos matrimonios, por lo que Leonardo se crió como hijo único. Su enorme curiosidad se manifestó tempranamente, dibujando animales mitológicos de su propia invención, inspirados en una profunda observación del entorno natural en el que creció. Giorgio Vasari, su primer biógrafo, relata cómo el genio de Leonardo, siendo aún un niño, creó un escudo de Medusa con dragones que aterrorizó a su padre cuando se topó con él por sorpresa.
Hace 42 años tuvo lugar un hecho extraordinario. Un húngaro nacionalizado argentino, Juan Moricz, que por veinte años recorrió Sudamérica en busca del Tesoro de Atahualpa, se dirigió a Ecuador para tratar de localizarlo. Sin embargo, en su lugar, se topó con un hallazgo inesperado y revolucionario. A mil metros bajo tierra, en una cueva surcada por túneles subterráneos, Moricz, encontró vestigios de civilizaciones americanas desaparecidas, que incluían una biblioteca metálica, además, de otros objetos de valor incalculable.



















